Un grupo de amigos, la mayoría sevillanos, nos juntamos para montear en Picoroto Alto, finca localizada en la misma frontera con Portugal, estando próxima al pueblo luso de Barranco. Poco menos de dos horas de coche, carretera cómoda y paisaje precioso hasta poner pie a tierra en Encinasola. Abrazos y efusivos saludos, hacía bastante que no coincidía con Paquito Ruiz, Javi Romero, Tirso Roca de Togores, José Mª Soto, Alvarito Dominguez, Rodrigo Maesso y Antonio Diaz entre otros.
Fuimos al puesto Borja Roca de Togores y yo. La manita de mi amigo fue tremenda, no se la corte de milagro. A decir verdad me pidió que sacará yo el sobre, pero al decir su nombre fue decidido a la mesa del sorteo. Que os voy a contar de nuestra postura, de esas que aunque cobres alguna res no la quieres ni en pintura. La armada recorría toda la linde oeste de la finca, delante nuestra una hoya tremenda atravesada por dos arroyos. El monte de encina con pegotes de lentisca precioso, pero difícil iba a ser que rompiera algún cervuno por allí. Los guarros, que se suponian abundantes en la mancha iba a ser harto complicado que rebozaran por nuestro paso, y mas sabiendo que toda la linde que cerramos se encontraba cerrada con una valla de piedra sin portillo alguno, en fin, un poema.
El puesto. Poco más de lo que Borja tiene delante.
El postor, muy cachondo el tío, cuando nos deja allí y al mirarle con cara de "¿este es el puesto?", no tiene mejor manera de animarnos que soltándonos un: "Aquí es donde se matan los venados grandes". Hay que tener poca verguenza. Por lo menos, las risas que nos echamos Borja y yo en el puesto, cada vez que uno le decía al otro la sentencia del propio eran menudas. Gracias que echamos algo de abituallas: El queso de Corral del Calatrava que eche en el zurrón y la botellita de tinto que llevaba mi compañero nos supieron a gloria bajo el sofocante solano que nos acompaño durante toda el día.
A gloria nos supo en el taco en el "Cierre de la Cierva".
Los perros, ese es otro tema aparte. Ilusionado que iba yo con ver trabajar los famosos paterneros de aquella zona y nada que ni rehalas ni leches, vimos como en las aproximadamente 200 ha que divisamos solo paso una rehala - perdonad por llamarla rehala, es para que nos entendamos -.
Que si, que de lejos vimos alguna cierva, que a mi me pareció ver un venao a unos 500 metros y que tiros sentimos, lejísimos pero los sentimos pero que no, que las cosas no se pueden hacer así y menos cuando hacerlas bien cuesta muy poco mas. Al menos me quede tranquilo comentandoselo al "orgánico".
A lo lejos, el país vecino: Portugal.
Resultado: unos quince marranos (un navajero bonito y otro macho cruzao que parecía un saco de papas) y cuatro venaos (dos bastante bonitos). Me imagino que esos eran los venados bonitos que se cobraban en mi puesto según el postor. El mejor puesto con cuatro reses, dos venaos y dos cochinos, el que ocupaba el orgánico. Sin comentarios.
Ninguno del grupo de amigos que nos juntamos tuvo suerte, Chete Soto falló un marranete y poca historia mas. Las papas con choco que nos metimos entre pecho y espalda, y la larga sobremesa en el hotel de Encinasola fue lo mejor del día. Yo me quedo con eso, confiemos que en la próxima la fortuna se porte mejor y por lo menos no pasemos calor.
Desde aquí agradecer a Rodrigo Maesso el hecho de que se preocupe en organizar estas historias que son divertidisimas y que muchos sabemos el "pestiño" que conlleva montar estos berengenales. ¿verdad tocallo?