REHALA

REHALA

Por medio de este blog se pretende dar a conocer a todo aficionado al mundo de la caza y los perros,las rehalas que montería tras montería realizan esa labor tan poco valorada pero tan imprescindible en nuestras agrestes sierras.

UNA REHALA

UNA REHALA

No hay verdadera montería sin perros. Cuando se montea de verdad, es decir, con todos los elementos que el caso requiere, y entre ellos, y en lugar preeminente, varias rehalas punteras, éstas lo van diciendo todo. Lo van diciendo todo al que sabe escuchar, que no es fácil. Si sabe escuchar, aunque le haya tocado un puesto en que, por mala suerte, no haya tenido vista sobre el terreno, se habrá podido dar perfecta cuenta -siempre y cuando los perros sean de calidad- de todo cuanto ha sucedido en el día. Desde la hora en que se soltó hasta en la que se terminó la batida: de si ha habido interés o no, de si se ha tirado bien o mal, de si la caza ha corrido en dirección que convenía, de si se ha vuelto o de si no ha salido. En fin, de todo se habrá enterado y bien poco será lo que le puedan contar los que han tenido la suerte de presenciar el conjunto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

EL PERRO DE REHALA

EL PERRO DE REHALA

El buen perro de rehala, sea cualquiera su clase, desde el puro podenco envelado y peliduro al de padres desconocidos y tipo inverosímil -que los dos pueden ser de punta-, requiere, entre otras, las siguientes características principales: fuerza, coraje, perseverancia, vientos y dicha. A cuál de ellas mas importantes, y si no las reúne es un perro incompleto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

sábado, 23 de enero de 2010

Los Algarrobos (Mijas, Málaga)

Lo primero que pensé cuando me llamo Jorge es que se estaba quedando conmigo, pues lo conozco y es muy dado a ello.

- Rorry, ¿te vienes el sábado a una montería en Mijas? Vamos Manuel, Gonzalo y yo. ¿Te apuntas?
- Por supuesto, estas monterías exóticas me encantan.

Me costó asimilarlo, después claro de seguirle, lo que creía una broma, hasta el límite final. Pero si, aquel plan era cierto, y tan cierto que el viernes a las siete y cuarto de la tarde, me estaba recogiendo Manuel en la puerta de mi casa para tomar dirección Fuengirola. Allí sería donde dormiríamos. Jorge y Gonzalo habían salido antes y nos esperarían tomando un cervezón en Los Boliches.

Desde luego la situación era cuanto menos rocambolesca, cuando Manuel y yo nos vimos bajando los rifles en la misma puerta del "Juan Playa" la carcajada que soltamos se debió sentir en todo el paseo marítimo. Uno que llevaba sin pisar aquello desde hace más de quince años, se veía allí en pleno invierno y para montear al día siguiente, tremendo. Era curioso vernos buscando una tasquilla para cenar, por supuesto de verde y con los forros polares. Como no podía ser de otra manera nos dimos un buen homenaje culinario. Nos costó recogernos, pero eso lo teníamos asimilado desde primera hora.

Manuel cargando los chismes. Detrás el "Juan Playa" y el mar de fondo. Sin comentarios.

La mancha estaba cerca, no hizo falta ningún madrugón, menos mal. Después de pasar por varias urbanizaciones y algún que otro campo de golf llegamos al lugar de la junta. Se trataba de espacio acondicionado para barbacoas, imagino que de los vecinos del lugar. Allí había más gente que en la guerra, todos resguardados bajo un poco eficiente techado de uralita, y es que el agua estaba empezando a caer y nos mojaba aun estando allí resguardados. Para espabilarnos un montao de lomo con un huevo frito que reanimaba a un muerto. De hecho nos espabiló, tarea nada fácil para como estaba alguno del cuarteto.

En el lugar de la junta no cabía un alfiler.

En medio de tanta algarabía se intuían las voces y los gritos de lo que debía ser el sorteo. Teníamos ya nuestros puestos y las indicaciones pertinentes venían recogidas en un folletito que no tenía desperdicio. Nos comentaron, no sin provocar algo de guasa entre los foráneos cordobeses, que no tiráramos ni corzos, ni cabras montesas y tampoco venaos pues aquello era una batida de marranos, por supuesto mata y cuelga, pero con unos matices peculiares de aquella sociedad de cazadores que venían redactados en el citado folletito.

Jorge, Manuel y Gonzalo nuevos tras el fuerte desayuno.

Tenía ganas de ver las rehalas que vendrían a montear, y es que por un momento me ilusioné pensando que podría venir la de Antonio Medina, esa bellísima rehala de San Pedro de Alcántara con divisa roja y goma amarilla, que tanta sangre cordobesa tiene en sus perros. Pero no, ni vi a Antonio por allí, ni su furgón. Las rehalas eran todas de podenquetes de talla chica, conejeros. Remolques llenos hasta arriba de finos envelaos con mucho nervio.

Las rehalas, en su mayoría, de podenquillos finos envelaos.

Rápido nos fuimos de la junta con el guarda, antes de ponernos haríamos una parada en una venta próxima a la entrada de la finca, donde mas tranquilamente charlamos con él, comentamos acerca de la mancha y nos tomamos un café. Nos explicó lo perseguidos que están los marranos por esa zona y es que en sus correrías nocturnas ponen patas arriba las calles de los campos de golf, tan abundantes en la costa de Mijas. De la misma manera nos trasmitió la poca conciencia medio ambiental existente, pues para ellos un alcornoque únicamente significa un problema que no les permite construir urbanizaciones, que es lo que ha dejado allí dinero últimamente.
Junto a Gonzalo listos para la guerra.

Cuando empezaron a pasar las armadas nos dirigimos al cortijo donde esperando la llegada de la nuestra nos fuimos preparando para la mojá que se nos venía encima. Suerte tuvimos, pues veníamos preparados para soportar agua, frío y lo que nos trajese el cielo. Jorge, cuco, escogió a Manuel como compañero y es que sabe de su suerte en esto de la montería. Ellos irían al puesto número tres, Gonzalo y yo al número cinco de lo que intuimos sería la traviesa. Su puesto un testero corto y sucio mostraba una pinta sensacional, el nuestro mucho más abierto, tenía unas vistas preciosas pero con mucho menos ajuste para lo que íbamos, los marranos.

Preciosas las vistas desde nuestra postura.

Bajo un viejo alcornoque nos resguardamos, el agua caía que daba gusto verla. Alegría para el campo. Frente a nosotros un testero de alcornoques de pintura y a nuestra derecha, un carril que hacía viso, allí precisamente fue donde dejamos los coches. La suelta no se hizo esperar y al momento empezamos a sentir las voces de los perreros. Tardó un rato en sentirse el primer disparo pero la cosa se fue animando conforme las rehalas iban avanzando. Una ladra por nuestra derecha puso alerta a Gonzalo que atento pudo disfrutar viendo como un corzo saltaba el carril para proseguir su huida en el testero que dominamos. Poco se dejo ver pero lo justo para, con los gemelos, poder disfrutar con su sutil y bella carrera. Cuando ya volcó, comentamos sorprendidos el lance, a mí ya me había merecido con creces la pena el viaje. Atentos, con permiso de la que estaba cayendo, continuamos el discurrir de las rehalas. Por nuestra izquierda dio cara otra rehala, de podenquillos finos también, que al descolgarse arrancaron una nueva ladra, para nuestra sorpresa una corza que seguía los mismos pasos que su pariente. En fin, una maravilla ver lo que vimos.
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Gonzalo atento en todo momento, aguantando el chaparrón.
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Respecto a las rehalas, pues la realidad, que no sirven para esto o al menos no están preparadas para ello. Carreras cortas y vuelta para atrás, más pendientes de la menor que de las reses y trasteando únicamente los alrededores de la verea que lleva su jefe. Ladras que no hacen hilo y poca fuerza para molestar a un marrano acostado en su encame. Tiros se siguieron sintiendo, la fiabilidad de los mismos una incógnita, pero por unos diez marranos andaría la cosa.

A las tres empezamos a recoger, ya habíamos hablado con nuestros compañeros y decidimos que, nunca mejor dicho por la zona donde monteamos, todo el pescao estaba vendido. Fuimos en su búsqueda, comentándoles una y otra vez la alegría que nos produjo ver los corzos. Les costó creérselo. Hicimos balance del día, ellos no habían visto nada, y caminito para Córdoba, aquello estaba a un paseo y no era cuestión de salir muy tarde de allí.

A Manuel, por una vez, no le acompañó la suerte. Se volvió bolo.

Paramos en Málaga a tomar una tapilla y carretera a casa. Sin duda esta será una de las historias que contaremos en más de una ocasión: Aquella vez que fuimos un fin de semana de Enero a Mijas, no a cualquier cosa, sino a montear. Los nietos se cansarán de escucharla. Créanme amigos, experiencias así son las que no se olvidan y menos con tan buena compañía. Por cierto, Manuel debió dejarse atrás la chorra que siempre le acompaña, y es que es de las pocas veces que se vuelve sin tirar.

viernes, 22 de enero de 2010

Las Morenas (Montoro, Córdoba)


Las manchas de Cardeña y Montoro, tienen un sabor diferente. Guardan un sabor añejo y hacen de sus monterías, en la mayoría de los casos, una vuelta a épocas pasadas. Es una zona preciosa, diferente a muchas otras de la provincia de Córdoba, y con una riqueza que muchos desconocen. Ir a montear por la zona es un placer para la vista, sobretodo en días como el elegido para echar Las Morenas. El agua brotaba de cada rodal y una ligera niebla envolvía la sierra, dando un aspecto un tanto místico.

Caballerías perfectamente ataviadas en el lugar de la junta.

Hasta llegar a Las Morenas hay que pasar por fincas de renombre, todas ellas conocidas por todo buen aficionado: El Yagüerizo, Valdecañas, Casa Polo, El Socor, Pozas Nuevas, Españares o El Pilar. Precisamente en esta última fue donde se celebró la junta. Acompañado de mi padre, llegamos de los primeros, ni siquiera mi amigo Patricio había hecho acto de presencia. Únicamente los de las migas, las bestias y algún montero madrugador, se encontraban en el lugar de la cita.

Vista general de la junta de Las Morenas.

No era el único que monteaba por primera vez la mancha, aunque sobradamnte había oído hablar de ella. Sin ir mas lejos, en Mezquetillas me habían dado muy buenas referencias, aunque con lo que Patricio me había comentado de ella me bastaba para estar tremendamente ilusionado con la montería. La posibilidad de abatir un gamo era un tremendo aliciente para algunos como el que suscribe, pues nunca he cobrado uno. Además los marranos que salen año tras año convierten esta montería en una jornada muy divertida. Los venaos se respetarían para años venideros.

Patricio y sus hermanas durante el rezo.

Mi padre y yo no iríamos juntos, cada uno estaríamos en un puesto, con la consiguiente responsabilidad de tener que meter la mano para sacar el sobre. No es que sea un cenizo, pero es que este año me estoy cubriendo de gloria, vamos que donde mejor puedo tener la manita es en el bolsillo. Con recelo acudí a la llamada de Patricio y sus hermanas, encargadas de dirigir el sorteo. El nº 13 del cierre con El Piruetanal. El número no me gusto un pelo.

Juan Fdez de Mesa sacando su puesto, a su derecha Pepe Ortega.

Antes de partir me acerque a saludar a los perreros que junto a la lumbre se agrupaban entorno a sus camiones. Mucha cara conocida, perreros de muy buenas rehalas y es que en este sentido la familia Queipo de Llano había convocado a un plantel de rehalas extraordinario. Estaba ya deseoso de montarme en el coche y llegar a la postura, más cuando me habían comentado que mi armada solía ser cochinera. Los carriles estaban regulares, algún paso un tanto complicado, razón por la cual tardamos más de la cuenta en montar la armada. La poca agilidad del postor también ayudo.

El paisaje hasta llegar al puesto era precioso: una primera parte de rica dehesa quebrada y un segundo tramo más cerrado de monte, dando cara al pantano del Yeguas. Las hozauras que se dejaban ver eran toda una alegría para la vista. Por el retrovisor pude observar como ninguna pasaba desapercibida para Mariano Aguayo, que iba detrás en la fila de coches.

Vista del pantano del Yeguas desde la armada del Piruetanar.

Por fin llegamos al puesto, que largo se me hizo, y es que parecía que nunca íbamos a llegar al trece. Descargue rápido y busque un sitio donde dejar el coche pues los camiones de los perros venían detrás. Me soltarían justo delante. Rápido cargue el rifle y eche un vistazo a los posibles portillos que pudiera tener la tela, pues quedaba justo a mi derecha. El puesto, como todos los de la armada, precioso. Situado en un lentisco pegado al carril, dominando un testero de jaras, algo larguillo para mis apuntaeras, y con la cañailla de un arroyo delante, ya por bajo del carril. Mucha visibilidad y con un testero largo, en fin muy bonito pero complicao para mi gusto.

Número 13 del Piruetanal.

Poco tardaron en soltar los perros y es que era ya cerca de las doce y pico. Por mi testero: Rafa "El Colacao", perrero de Juan de Dios Pliego (divisa verde y collarín de la cencerra amarillo), Oscar, perrero que fuera de Curro Vega (divisa bandera nacional), Pedro Mohedano (collar de cuero marrón) y Cristiano, perrero de Pepe Ortega (divisa y collarín de la cencerra naranja). Con otra mano, pero la misma suelta, otras rehalas: la del Marques del Contadero, la de Mencos, la de Juan Andrés Parlade o la de Juan Fdez de Mesa, entre otras que no llegue a distinguir.

A medio testero, Pedro Mohedano comenzando su mano.

Al momento de la suelta las primeras ladras, alguna cierva y un venao que me metieron los perros de Juan de Dios Pliego encima, lastima que no se pudieran tirar pues el lance fue muy emocionante, saltando el carril justo delante de mi postura. En el corono del testero había mucho venao y los perros no pararon hasta sacarlos de su refugio. Que bonitos estos momentos posteriores a la suelta, el monte se llena de carreras y ladras pintando un espectáculo bellísimo.

Perro de Mencos (divisa roja con goma azul) dando cara en mi postura.

Poco a poco fueron pasando las rehalas hasta que volcaron, dejando de oír los gritos alegres de los perreros. En el lugar de la suelta algún perro con pocas ganas de montear y más personal del que debiera: conductores de las furgonetas y la gente de las bestias. En fin, que se le va a hacer, en algún lugar tenían que quedarse.

Después de la que se había liado con la suelta llegó el silencio, ese que se apodera de uno cuando pasan los perros. Momento que aproveche para sentarme un rato y con los gemelos ver de quien era tanto perro que había por ahí esturreao. No se habrían levantao inspirados. Alguno hasta se paso la tela por los portillos. Decidí sentarme observando como un grupo de tres venaos volvían a los altos confiados en estar a salvo. Los perros no paraban de subir arroyo arriba, arroyo abajo. Muchos sin cencerrilla provocando que en más de una ocasión diera un respingo del catrecillo, pero nada, siempre perros. De repente, a mi derecha, en un clarillo veo un marrano. ¡Me cagó en la leche! Que salto pegué. Rápido se tapó y mi carrera por el carril fue inútil, no lo pude clarear. No quise asomarme más porque llevaba dirección para Mariano y posiblemente, por como vi su puesto, le iba a entrar en mejores condiciones. Así fue, al rato sentí los tiros. Fernanda, su señora, lo abatió. No quiero ni contaros el mosqueo que tenía encima, se me había colao el tío. Era más pequeño de lo que me pareció verlo, ese fue mi único consuelo.

Bonita estampa del de Juan Fdez de Mesa.

La comedura de tarro que me estaba dando fue como una catedral. En esas estaba cuando me llamó mi padre, teníamos cobertura. Se lo estaba pasando pipa, claro con una manita como la suya no me extraña. La próxima vez me saca el puesto, eso fijo. Había tirao tres cochinos, se había quedado con uno y los perros de Martín Sánchez Ramade (divisa y collarín de la cencerra verde clara), los de Gonzalo Morenés (divisa a franjas rojas y azules) y los de la Duquesa de Cardona (divisa marrón y collarín de la cencerra azul) estaban haciéndole disfrutar una barbaridad. Venaos había visto unos pocos pero gamos no. Me alegre una barbaridad y me concentre para la vuelta de las rehalas.

La vuelta, ya bastante tarde, movió pocas reses. Oscar y sus rubios pasaron delante de mi postura tomando el camino, ya estaba todo hecho. Esto se había acabado. Recogí y despacito, disfrutando de una finca tan bonita, para el cortijo del Pilar. Por el camino parando en algunos puestos fui preguntando, la gente se había divertido de lo lindo y se habían tirado muchos marranos. El vecino de mi padre había cobrado siete de los ocho que había tirado, y es que había mucho marrano, más por las umbrías que por las solanas que rodeaban a mi armada.

Con ganas cogimos el puchero, el sol se tapó y empezó a moverse un airecito nada agradable. La gente contenta en general, casi todo el mundo había tirado. Entre los pocos bolos, el menda y su manita para cortársela. Las reses tardaron en llegar, una lastima porque desluce mucho, pero el carril estaba regular y la mancha retirada del lugar de la junta de carnes.

Comentando con Mohedano el discurrir de su mano.

Lo distante de la finca y el hecho que al día siguiente hubiera que trabajar nos hizo irnos antes de lo que nos hubiese gustado, pues no pudimos contemplar el tapete de reses cobradas. Dando la enhorabuena a Patricio y a su familia por el resultado nos despedimos. Mi deseado gamo tendrá que esperar.

miércoles, 20 de enero de 2010

La Aguja (Espiel, Córdoba)

Ya estaba avisado por Oscar Gallego, lugarteniente de David Regalao: "Monteamos en tu tierra, por la zona de Fuente Obejuna. Nos han avisado Rehalas La Mota para que vayamos a montear con ellos a mediados de enero en una finca de aquella zona. Nos encantaría que te vinieras con nosotros a echar el día y así, además de conocernos a nosotros, conocieras como trabajan nuestros paterninos".

Sin dudarlo acepté la amable invitación. En alguna ocasión habíamos hablado de pasar un día monteando juntos, pero lo lejano de las zonas donde monteamos unos y otros había imposibilitado tal situación, por eso con ilusión accedí al convite. Ciertamente tenía ganas de ver trabajar a estos hermanos pequeños de nuestros vistosos campaneros, pues aunque por la vecina zona sevillana de Castilblanco de los Arroyos, El Ronquillo o El Real de la Jara había tenido la oportunidad de verlos monteando, nunca había roto jaras con ellos. Es muy común por la Sierra Norte de Sevilla y por la sierra de Aracena, así como por el sur de Badajoz, este tipo de perro, del que guardo buen recuerdo gracias al buen hacer de rehalas como la de Luís Alarcón de la Lastra, Alfonso Aguado, Roberto Wilson o Cantalobos, entre otras que vi trabajar en la alguna montería por la zona.

Una llamada la noche de antes para concretar sitio y hora. David no había cazado mucho por la zona, su debut iba a ser, nada más y nada menos, que en La Aguja, propiedad del Conde de Caralt. Finca con tradición y enclavada en una zona muy montera. Eso sí, de carril nos íbamos a hartar. Nos veríamos a las nueve menos cuarto en Ojuelos Altos, allí nos juntaríamos con Rehalas La Mota para tomar café en La Cardenchosa y partir hacía la finca.

La cita, con sabor, en el cruce de Ojuelos Altos dirección a La Cardenchosa.

Con las prisas no calculé bien, y llegué antes de tiempo aprovechando para echar un café en el pueblo. Luego vi pasar muchas de las rehalas con las que montearíamos: La de Joaquín Vadillo, la de Ricardo Barbero, la de Antonio Navajas, la de Pedro Armenta, la de Manolo Pérez, la del Orejas, la del Patillas y muchas otras más. Poco tardaron en llegar David y Oscar, al momento José y Paco, de Rehalas La Mota. En La Cardenchosa saludé a Miguel Ángel, Prosineski, perrero de Manolo Pérez, que me estuvo contando la bella línea a la que están encaminando sus perros y como le va yendo la presente temporada.
David Regalao "apretandose los machos" antes de soltar.

Fue llegar a la puerta de la finca, saludar rápido a los demás perreros y coger camino hacia las sueltas. La nuestra seria en un alto, junto a las caídas al río Benajarafe. La mano, recorriendo la margen derecha del río. La ida por la parte baja hasta llegar a la umbría, y la vuelta algo más altos, siempre dando cara al río y a los cerros de Escambrón.

Nuestro guía, Oscar, Paco, José y David instantes antes de soltar.

No tuvieron que esperar los perros mucho pues al instante de llegar al lugar de la suelta se abrieron los remolques y furgones. La suelta como de costumbre, preciosa. Con qué vitalidad y qué afición saltan los perros de los vehículos, ya saben lo que toca.

Oscar, compañero de faena de Regalao, soltando en La Aguja.

Paco abriéndole las puertas a sus atravesaos.

Tardaron poco en dar con las primeras reses, ciervas y chotas que crearon una sonora algarabía que puso en tensión a los puestos próximos a nuestra suelta, algunos situados en altas torretas. Paco iría por la mano pegada al río, más abrupta y con pasos, en ocasiones, complicados. José por encima de él y a continuación los paterninos de Regalao. Es curioso contemplar rehalas tan dispares trabajando. Por un lado las dos rehalas La Mota compuestas por atravesaos muy en tipo Valdueza, y por otro los finos y pequeños paterninos. Paso fuerte y potente, el de los primeros, y carrera ágil y alegre, la de los segundos. Dos perros distintos y dos maneras diferentes de montear.

Atravesaos muy en tipo Valdueza componen rehalas La Mota de Alcalá La Real.

Mucho cervuno guardaba la mancha, sobretodo hembras, que cogieron los perros en un número considerable, y es que, a estas alturas de la temporada con poco que se confíen las pepas es difícil que no les echen mano. Las ladras no pararon en toda la mañana, los perros realizaron una labor formidable, y al paso rápido del guía fueron levantando muchas reses. Dando cara a la umbría salieron algunos venaos, que vimos como eran abatidos desde los puestos, animados por nuestros gritos y por esas ladras que hacían hilo, protagonizadas por los paterninos con collar amarillo de Regalao.

Regalao animando a los suyos en el discurrir de su mano.

Quizás, un paso más lento hubiera beneficiado y es que muchas veces hay que esperar y montear más despacio, pero con manos largas y duras, a la mínima que se descuide uno se encuentra que la gente de los puestos no espera la vuelta de los perros y están más pendientes de sentarse al puchero que de respetar el trabajo de perros y perreros. Así, hubo momentos que íbamos sin perros, muchos. Marranos no salieron, aquello se veía poco tocado de los cochinos y me quedé con las ganas de ver a los de Paterna bregando con uno. En fin, la próxima vez será.

David, ya de vuelta hacía la suelta, dando cara en uno de los puestos.

A la vuelta, ya en el lugar de la suelta, momento de recuperar el resuello. La última cuesta se hizo dura y el calor que reino en toda la mañana se hacía incomodo en este último achuchón. Momento de pasar revista, faltaban muchos perros, pero muchos. Tocó llamar desde los altos, preguntar a los compañeros, mirar con los gemelos y trasponer hasta el final de la mano en busca de un par de valientes. Gajes del oficio, que con afición se soporta con gusto.

Paco, cargando sus atravesaos de divisa azul y M en el costillar.

Una vez completos, despacito para el cortijo, eran cerca de las seis y había que recuperar fuerzas. Unos garbanzos y un par de mandarinas que nos supieron a gloria. En cuanto al resultado, poco que contar, cuando salimos de allí no habían llegado las reses y el personal prácticamente se había ido al completo, poco tendrían que esperar, entiendo. Imagino que alrededor de las veinte reses, sin contar las ciervas que se tiraron. La tarde se echaba y cada mochuelo a su olivo, David y Oscar para Barcarrota (Badajoz), José y Paco para Alcalá la Real (Jaén) y el que suscribe, mas cerquita, para Córdoba. Desde aquí quiero agradecer, tanto a unos como a otros, la invitación para montear con ellos y el cariño con el que me trataron en La Aguja.

lunes, 18 de enero de 2010

Mezquetillas de Parias (Hornachuelos, Córdoba)


Collada, reza el cartelón con forma de marrano que da entrada al lugar donde los últimos años se viene celebrando la junta. En la explanada, junto al precioso cortijo de Collada, se alinean los coches por armadas, cosa que agiliza mucho la salida y facilita la, siempre tediosa, labor de movilizar tanto coche. Gracias a ello se puede uno detener a saludar y charlar con tanta y tanta cara conocida como nos juntamos en esta divertida montería sin necesidad de estar pendiente hasta el instante anterior a la salida.

Junta de Mezquetillas de Parias.

Antes de aparcar ya sabíamos, mi padre y yo, donde íbamos. Nada más y nada menos que al Cambuco, armada mítica de esta mancha, siendo esta muy cochinera, y que de tanto haberla leído y oído nombrar ansiaba conocerla. Tras unos ricos churros y una palomita, el rezo. Rezo, en el que sentidamente se recordó a Curro Vega, Juan García Liñan, Matías García y Pepe Ortega, grandes dueños de rehala cordobeses que nos han dejado no hace mucho. Que buenas manchas estarán echando allá arriba.

Antes de salir las armadas, momento del rezo.

El día no podía ser mejor, las nubes habían dejado paso al sol y la temperatura: magnifica. Armamos a la inversa, entrando para ello por Pinganillo y cruzando el bravo Guadalora, más de uno lo paso regular, y es que bajaba fuerte. Que alegría da verlo así.

Mi padre con Mariano Aguayo. ¿Qué mancha estarían repasando?.

El puesto, en el mismo carril, tirando al otro lado del arroyo. Allí, una cañá sucia y a sus márgenes dos testeros de chaparros limpios, vamos una preciosidad. El postor nervioso, nos comento el buen venao que se cobró allí el pasado año. Lastima, ese ya no nos entraría. Poco tardaron en pasar delante de nosotros la fila de camiones de los perros, que buenas rehalas vinieron a Mezquetillas.

Precioso nuestro puesto en la famosa armada del Cambuco.

No tardaron mucho en entrarnos por nuestra izquierda las primeras ciervas, una piarilla de cuatro pepas que nos ayudaron a conocer las vereas que toma el cervuno por las caras que dominamos. A lo lejos, Cambuco arriba, veo moverse cinco venaos y al momento una piara de marranos que parece que se le cuela al puesto siguiente, pues no sentimos tiros. La suelta no se hizo esperar, en seguida sentimos las primeras ladras y los ánimos de alguna voz conocida, sin duda íbamos a disfrutar con los perros. Fueron los de divisa azul y naranja los primeros en dar cara a nuestro puesto, eran los podencos de Juan Fdez de Mesa.

Divisa azul y naranja. Rehala de Juan Fdez de Mesa.

Al instante, por la misma caja de arroyo una ladra de un solo valiente que viene directa para nosotros, cada vez mas cerca y no conseguimos clarear lo que lleva el perro delante. Los nervios a flor de piel y los ojos que no eran capaz de diferenciar al bicho entre tanta maleza. La carrera parece de cervuno y los pasos no son de marrano, por fin consigo ver algo, se trata de una cierva. Poco tarda el podenco berrendo, con collar y collarín de la cencerra verde claro, en pillarla. El de Martín Sánchez Ramade se basto para echarla al suelo, tremendo.

Berrendo con collar y collarín de la cencerra verde claro. Fabuloso el trabajo de la rehala de Sánchez Ramade.

Las ladras se suceden y los tiros se sienten por todas partes, música celestial. De repente una nueva ladra, otra vez por el arroyo. Al momento se siente el disparo del puesto de nuestra derecha, pero el jai, jai de los podencos no cesaba, el bicho viene por los mismos pasos que la cierva de antes. Busco un claro en el arroyo y como un flan espero que aparezca, pero no, antes de llegar se para y los perros se le echan encima. A bien que se iba escapar, allí se juntaron perros de Martín Sánchez Ramade, Juan Fdez de Mesa y Perico Carrasco (divisa negra con tirillas amarillas), casi ná. Ese no salía de allí, como así fue. Me asome y desistí de bajar con el cuchillo, se trataba de una marranilla que ya había entregado la cuchara. Lo comento con mi padre cuando de repente sentimos que la ladra corre aguas abajo en nuestra dirección, extrañados nos miramos y de nuevo me asomo. Se trata de otro marrano, primo hermano del primero, que acaban cogiendo los perros sin tiempo para tirarlo. Disfruto del agarre sin quitar ojo de nuestro testero. No hay duda que los perros están en un momento sensacional, muy puestos y el campo magnifico para que trabajen.

Agarre del segundo marrano. Un detalle, todo podenco.

Los de Perico Carrasco, divisa negra con flecos amarillos, sensacionales.

Los tiros se siguen sintiendo, por nuestra espalda las rehalas mueven ciervas que nos mantienen en tensión. Aprovechamos un receso en las carreras para tomar un caldo calentito, sin descuidarnos lo mas mínimo, aquello no había acabado. Son ya cerca de las dos y media, había pasado el día volando y cosa extraña, no habíamos tirado. La vuelta de las rehalas dirección a las sueltas provoca que únicamente sintamos el discurrir del arroyo bajo nuestra postura, que alegría de agua. De repente, a nuestra izquierda y por los pasos de las primeras ciervas aparece un venao que entra zorreao, rápido aviso a mi padre, se echa el rifle a la cara y de un tiro lo revuelca. Se tapa tras unos chaparros y sentimos como rueda hasta la misma caja del arroyo. Un tiro sensacional, en las mismas paletas. Más que nunca, en el minuto noventa, y es que al momento apareció el postor con las bestias.

No le fue fácil al mulo sacar el venao a cargadero.

Tras explicarle donde estaban los dos marranos y la cierva que habían cogido los perros, además de nuestro venao, recogimos y tomamos el carril por el que discurría la armada, dirección a la casa de Mezquetillas, también conocida como Vistalegre. Que caserío más bonito este, inconfundible su escalinata y sus cuidados setos de lentisco. Allí, con una cerveza y las tapas que fueron pasando nos fuimos contando unos y otros los fallos y aciertos de la jornada, mientras, poco a poco iban llegando las reses. Prácticamente todos habíamos tirado, y raro era el que no había visto marranos.

Otro año más hubo noviazgo, y por partida doble. El bautismo montero, como no podía ser de otra manera y para su orgullo, fue dirigido por D. José María Cabrera, desde luego todo un honor para el currículum montero de Patricia Gomez y María Fdez-Figueroa.
José María Cabrera haciendo los honores.

Nos costo despedirnos y es que se esta tan a gusto allí, la noche se te echa encima y no te das ni cuenta. Hablas con unos y con otros, hasta que acuerdas y eres de los últimos en quedar aun allí. Al salir para Córdoba y tras despedirnos, en el patio se podían contar sesenta marranos y cincuenta y tantos venaos: monterión, otro año más. Sin duda Mezquetillas de Parias, en mi modesta opinión, es una de las manchas que hacen que Hornachuelos sea santo y seña de nuestra amada montería.

Caserío de Mezquetillas de Parias, sin comentarios.

martes, 12 de enero de 2010

Madroñiz (El Viso, Córdoba)

Tras varias visitas por temas de trabajo, tocaba montear en esta bonita finca situada en la linde con nuestra vecina Badajoz. Finca muy rica, a la vega del río Zújar en su discurrir hacia el embalse de La Serena y vigilada de manera majestuosa por el castillo que le da nombre. Madroñiz, buen recuerdo trae a muchos aficionados cordobeses, que hace ya unos cuantos años la tuvieron arrendada, disfrutando de sus manchones, tan apretados de monte, a los que estoy seguro, supieron sacarle buen jugo.

La junta se celebró en la casa del castillo de Madroñiz.

En compañía de mi padre, partimos temprano dirección al Valle de los Pedroches. Desde el cruce de Alcaracejos tomando hacia Villanueva del Duque, Fuente Lancha, Hinojosa y pasando Belalcázar dirección Cabeza del Buey, se llega a Madroñiz. A medida que iba amaneciendo nos dimos cuenta que el día nos respetaría, rasca pasaríamos, eso si, pero mojarnos no nos íbamos a mojar. Tuvimos fortuna y el receso que nos dio la lluvia era de agradecer.

Majestuoso, desde su posición en alto, el castillo de Madroñiz.

Ignacio Pinilla, Premio Manifiesto de la Montería en 2008, en reconocimiento por su labor como capitán de montería, forma parte de la sociedad encargada de gestionar esta mancha y es el responsable de campo de la misma. Se trata de un grupo de buenos aficionados pacenses entre los que reina un gran compañerismo y respeto. Ya me lo habían comentado algunos amigos, y es que en cierta manera viven la montería como antiguamente. De la misma manera me habían repetido, una y mil veces, la cantidad de buenos marranos que se matan en Madroñiz. Mi ilusión, por supuesto, estaba desbordada.

Ignacio Pinilla, dando las últimas indicaciones antes de sacar las armadas.

El sorteo se celebró la noche de antes, muchos de los asistentes durmieron en la finca, hecho delatado por las caras de sueño de algunos y el cartel que reinaba tras la reja de una ventana: "Se hacen camas por 2,50 Euros". Se echaban tres manchones: Mangadas, El Cercao y Las Adelfas. Nuestra armada, El Toril, fue la primera en partir. Por el camino pasamos por la junta de los perros, en ella distinguí a Kiko de Navalvillar y sus palomos con divisa verde o el furgón de Manolo Blanco de Talarrubias (divisa de bandera nacional con goma amarilla e hierro MB en el costillar).

El puesto, de cierre, era un carril con poca visibilidad y corto tiradero hacia la mancha que cerramos y con un amplio testero de chaparros y retamas a nuestra espalda. El hecho de que se monten puestos en varios manchones y que hubiera sueltas tan dispersas hizo que estuviéramos mas pendientes del testero que del cruce del camino. La suelta no se hizo esperar y con los gemelos disfrute viendo una de ellas. Imagen preciosa la de los canes blancos chorrearse por un testero de jaras.

A nuestra espalda, un amplio testero de chaparros y retamas.

Al momento la primera res faldeando pecho enfrente, una pepa que se quitaba de en medio a marchas forzadas. Yo seguía disfrutando con las carreras de los perros a lo lejos cuando de repente, un tropel me hace mirar bruscamente hacia el testero de nuestra espalda, un venao directo de frente hacia nosotros, rompiendo monte y dejando sonar, en su carrera, la leña que llevaba encima al topar con jaras y chaparros. Pongo en alerta a mi padre y el corazón me empieza a dar porrazos en el pecho, se distingue que el venao no es moco de pavo, la cuerna es clara y se distingue en la distancia. Cuando ofrece el flanco izquierdo el primer disparo, parece que no lo toco. Rápido apunto de nuevo y al segundo disparo cae tras unas retamas, las palmadas en la espalda entre padre e hijo sonaron en la mancha. Al momento vemos que se reincorpora y sigue con su carrera, se nos esta metiendo encima y las copas de los chaparros no me permiten meterlo bien en el visor. Le indico a mi padre que lo espere al salto del carril, y rápido busca el sitio más adecuado para un cómodo remate. Sigo su huida entre matas de retama y chaparreras para justo antes de taparse en la espesura de la vera del camino distinguirlo, y poder disparar. Mirada entre mi padre y yo, tensas, por supuesto. Sentimos un último tronchar de jaras a pocos metros de nuestra situación, nueva mirada y gesto de: estará ahí muerto. A pesar de la proximidad del lugar donde debía estar el venao decidimos permanecer atentos en nuestra postura, aquello acababa de empezar y ya habría tiempo de matar la curiosidad.

Solo eran las doce y el lance, emocionantísimo, nos había quitado el frío que, a pesar del sol radiante, se dejaba notar. Los perros seguían llevando su mano y la rehala que moriría en nuestra armada ya se dejaba sentir a lo lejos, aunque su mano venia por la cañá que apenas veíamos y únicamente sentíamos las continuas ladras y el animar del perrero. El viento, en un principio cambiante, acabó por pegarnos en el cogote, complicando de esta manera la posible entrada de algún marrano. Mala suerte, estábamos cargando la mancha, y aunque perjudicó nuestra suerte, le vino fenómeno a los puestos de nuestros flancos, ambos tiraron, ladras que aunque traían nuestra dirección acabaron rebozando hacia ellos.

Podenco fino de la rehala de Cabeza, divisa bandera extremeña, dando cara en nuestra postura.

Los primeros perretes fueron dando la cara al carril dominado desde nuestra posición, perros de divisa con los colores de la bandera de Extremadura. Eran de Pedrín de Manchita, rehala de Cabeza. Al instante dieron con el venao, momento que aprovechamos para ir a verlo y comentar con Pedrín lo bonito que era. Ciertamente era un precioso venao, grande de cuerpo y con un trofeo achaparraete muy bonito. Un privilegio cobrar un venao así en finca abierta, más aun tratándose de una finca mas cochinera que otra cosa.

Joven cruzao de rehala de Cabeza, mordiendo el venao.

La vuelta de las rehalas no tuvo mucha historia, los numerosos disparos que sentimos fueron disminuyendo y cuando se escucharon las primeras caracolas comenzamos a recoger. Sacamos el venao al carril, con ayuda de unos compañeros de armada, que educadamente nos dieron la enhorabuena. Gran detalle. Alguna foto para el recuerdo, vuelta en busca del potaje y sobretodo de la chimenea.

Trece puntas y muy parejo el venao de Madroñiz.

A medida que fue llegando el personal se pudo ir vislumbrando que pocos habían sido los que no tiraron, algunos con más fortuna que otros. En general se había divertido todo el mundo, la cosa había estado repartida. Las reses poco a poco fueron llegando, al salir de allí, contabilice treinta marranos, con cuatro buenos machos y tres venaos bastante bonitos, poco más faltaría por llegar.

Foto para el recuerdo con el venao de Madroñiz.

Después de despedirnos de Ignacio, fotos con el castillo de fondo y despacito para Córdoba. Habíamos empezado bien el año 2010 y el tintineo de la cuerna del venao en el maletero del coche, provocado por los baches del carril, nos iba sonando a gloria. Un venao así en finca abierta, tiene un sabor especial.

lunes, 4 de enero de 2010

La Plata (Posadas, Córdoba)

El mensaje de Edu, días antes, costó asimilarlo: "Rorry, se suspende la montería". Según me contó había caído un rayo cerca de la casa, los caminos estaban de mírame y no me toques, y allí con tanto coche se podía montar la de San Quintín. Sus tíos siguieron pa´lante y darían sus manchas y me animó a que me pusiera con él en su puesto de cierre con la parte de su tío Carlos, sin dudarlo acepte.

Son unos pocos los años que he monteado ya lo de Eduardo, en su mayoría trasteando aquello como guía con los perros. Por allí han pasado rehalas como las de Diego García-Courtoy, Rafael Blesa o Ricardo Torres y Fernando López, con las que he pasado grandes jornadas de monte junto a Pepillo Fragonetas, Lolo y Pepe El Indio. Aquello es muy chico, pero tiene unas manchitas de coscoja, lentisco y sobretodo espesas aulagas que siempre cobijan algún marrano. La lastima de este año es que se veía tomado, en fin, el año que viene habrá que echarlos a correr.

Quedamos en la casa sobre las 10:30, no había prisa pues hasta que no empezaran a montarse el resto de las manchas era tontería estar puesto. A última hora hubo cambio de planes, tres valientes con afición, los hermanos Rojas (Perico y Gonzalo) y yo, armaríamos la huida hacia la Yesca. Edu y su padre ocuparían sus puestos en el cierre con la parte de Carlos. Seria complicado que por allí se movieran bichos pero en esto de los marranos nunca se sabe y alguno zorreao podía darnos una sorpresa.

Rorry, Perico, Gonzalo, Edu y Teresa antes de salir para los puestos.


Los tres puestos que ocupamos eran una pintura, en general la armada que montamos, la del pozo, es preciosa y muy cochinera, pero nada, no hubo fortuna y ninguno vimos nada. Era de esperar, sin meterle perros a aquello los cochinos no salen, y nuestra esperanza, que se fallara o se colara alguno, no se produjo. Al menos el día acompañó y el discurrir del agua que llevaba el arroyo que tenía delante me hizo disfrutar una barbaridad. Bendita agua.

Pronto estábamos de vuelta en el cortijo. Tiros se sintieron, aunque lo retirado de nuestra posición evitó que sintiéramos todas las detonaciones, pues bastantes se debieron de oír para cobrar casi cincuenta reses. Eduardo padre no tiró, su hijo remató un machete que le entró herido del puesto de al lado. Ellos estuvieron bastante entretenidos, por lo que contaron mientras dábamos buena cuenta de unas habichuelas con perdiz que nos preparó Julia y que estaban sensacionales. Las anécdotas de los Rojas se cruzaban con los relatos de Eduardo y con ese clima tan agradable dejamos que se fuera echando la tarde.

Tatun junto al marrano que remató Edu.

Reflexionaba con Edu lo ocurrido y la verdad que después de tanto tiempo esperando ese día, el día grande de una mancha, es una lastima que haya que esperar al próximo año para darle un achuchón. Con lo gracioso que es ese manchón habrá que guardarse nervios, prisas y sofocos para la próxima temporada. ¡Ánimo!