REHALA

REHALA

Por medio de este blog se pretende dar a conocer a todo aficionado al mundo de la caza y los perros,las rehalas que montería tras montería realizan esa labor tan poco valorada pero tan imprescindible en nuestras agrestes sierras.

UNA REHALA

UNA REHALA

No hay verdadera montería sin perros. Cuando se montea de verdad, es decir, con todos los elementos que el caso requiere, y entre ellos, y en lugar preeminente, varias rehalas punteras, éstas lo van diciendo todo. Lo van diciendo todo al que sabe escuchar, que no es fácil. Si sabe escuchar, aunque le haya tocado un puesto en que, por mala suerte, no haya tenido vista sobre el terreno, se habrá podido dar perfecta cuenta -siempre y cuando los perros sean de calidad- de todo cuanto ha sucedido en el día. Desde la hora en que se soltó hasta en la que se terminó la batida: de si ha habido interés o no, de si se ha tirado bien o mal, de si la caza ha corrido en dirección que convenía, de si se ha vuelto o de si no ha salido. En fin, de todo se habrá enterado y bien poco será lo que le puedan contar los que han tenido la suerte de presenciar el conjunto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

EL PERRO DE REHALA

EL PERRO DE REHALA

El buen perro de rehala, sea cualquiera su clase, desde el puro podenco envelado y peliduro al de padres desconocidos y tipo inverosímil -que los dos pueden ser de punta-, requiere, entre otras, las siguientes características principales: fuerza, coraje, perseverancia, vientos y dicha. A cuál de ellas mas importantes, y si no las reúne es un perro incompleto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

lunes, 22 de mayo de 2017

Una nueva etapa, una gran ilusión.


Comienza una nueva etapa. Han pasado ya cinco años y cuatro temporadas sin dar la cara por REHALA, mi blog, que se dice pronto. Mucho tiempo, muchos cambios y un zurrón muy cargado a las espaldas, lleno de alegrías y disgustos, repleto de emociones y experiencias difíciles, de las que marcan y endurecen la pellica. Una experiencia intensa, vivida por dentro, en la que no hay sino agradecimiento hacia quien ha tutelado mis primeros pasos en el mundo de la rehala, Pepe Ortega, quien desde la amistad que nos une, me amparó y me guió para que llegado el momento, y no sin dificultad por la decisión tomada, haya sido capaz de dar el paso y echar a volar solo en este difícil gremio, el de los dueños de rehala.


Con este post arranco un nuevo camino, una nueva aventura, llena de ilusión e incertidumbre, y atestado de ganas y esperanza por hacer realidad mi tan anhelado sueño. Vuelvo a escribir después de cinco años de sequía en los que mi pluma solo trabajó, animada por mi amigo Antonio Adán, en concretas colaboraciones en la revista digital Captiva y que sirvieron para quitar el gusanillo de quien aparco sus relatos montunos por circunstancias varias que no vienen al caso.


Con la fuerza y el cariño de mis fieles seguidores, el calor recibido, y sobretodo, los ánimos por volver a echar andar este singular rincón de la red, vuelvo al tajo tras este largo punto y seguido. Por delante un proyecto que va afianzándose a medida que pasan los días, con importantes inversiones y duros sacrificios, mucho tiempo dedicado y una amalgama de papeles, documentos y escritos que no podrán con una afición difícil de medir: la de los perros, la de montear, la de la rehala.


Dispuesto a todo, y con el apoyo de Cristina, la que a finales de Julio será mi futura esposa, doy el paso. Se juntan perros y se averigua sitio en condiciones donde tenerlos, compramos furgoneta, buscamos perrero y empiezo a mover documentación. No es fácil tener perros en condiciones y de forma legal, lo que esta claro que no debe haber justificación para no hacerlo de esta manera. Sin trampas ni cartón, haciendo las cosas por derecho y revindicando la figura del dueño de rehala, tan deteriorada hoy día, decidimos, Cristina y yo, sentar las bases de este nuevo proyecto.


Un camino duro y solitario, en el que el colega más cercano en edad pudiera ser mi padre y en el que la cantera que se vislumbra y que debe achuchar se ve vacía y con pocas perspectivas de que renazca. No hay nuevos aficionados a la rehala por la simple razón de la afición y no por un puñado de dolares diarios o una forma de especia con la cual mercadear. Hay que tirar del carro, hay que salir del armario -¡que este gremio se nos muere señores!-, hay que asomar la gaita sin miedo y hacernos sitio sin cobardía, tenemos que batirnos en caballera batalla dentro del monte por dar la magnitud que se merece el perro de rehala y nuestra montería. La rivalidad es buena siempre, hay que romper esta situación de comodidad y de cumplir expediente en la que lo menos malo sirve.


Decidido a encontrar mi sitio me lanzo a la piscina, con la pureza y la ganas de morder como estandarte, me dispongo a acudir donde me llamen, donde quieran seriedad y formalidad, donde necesiten perros que muevan el monte y hagan disfrutar a las escopetas y donde respeten y cuiden a las tres famosas patas del banquillo; perrero, perros y su propietario, en este caso, un servidor, Rodrigo Barbudo, Rorry.


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