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UNA REHALA

UNA REHALA

No hay verdadera montería sin perros. Cuando se montea de verdad, es decir, con todos los elementos que el caso requiere, y entre ellos, y en lugar preeminente, varias rehalas punteras, éstas lo van diciendo todo. Lo van diciendo todo al que sabe escuchar, que no es fácil. Si sabe escuchar, aunque le haya tocado un puesto en que, por mala suerte, no haya tenido vista sobre el terreno, se habrá podido dar perfecta cuenta -siempre y cuando los perros sean de calidad- de todo cuanto ha sucedido en el día. Desde la hora en que se soltó hasta en la que se terminó la batida: de si ha habido interés o no, de si se ha tirado bien o mal, de si la caza ha corrido en dirección que convenía, de si se ha vuelto o de si no ha salido. En fin, de todo se habrá enterado y bien poco será lo que le puedan contar los que han tenido la suerte de presenciar el conjunto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

EL PERRO DE REHALA

EL PERRO DE REHALA

El buen perro de rehala, sea cualquiera su clase, desde el puro podenco envelado y peliduro al de padres desconocidos y tipo inverosímil -que los dos pueden ser de punta-, requiere, entre otras, las siguientes características principales: fuerza, coraje, perseverancia, vientos y dicha. A cuál de ellas mas importantes, y si no las reúne es un perro incompleto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

lunes, 16 de abril de 2018

Antoñin Roldán

Me cuesta la misma vida asimilar que te has ido, con la de buenos ratos que hemos echado juntos. De repente, de golpe y porrazo, has decidido que las manchones de aquí abajo se te habían quedado chicos y has tirado para arriba, para esa sierra donde tan buenos aficionados hay ya cazando, en lo más alto del cielo. Realmente no se lo a gusto que te vas a sentir allí, seguro que te van a cuidar bien, pero lo que si es cierto Antoñín, es que aquí te vamos a echar mucho de menos, empezando por Marisa, siguiendo por tus dos hijos y Enriquillo,  y acabando por la cantidad de amigos que dejas aquí.

En Hornachuelos, Antoñín Roldán con sus hijos, Enriquillo, y la que fue su rehala. 

Con la de veces que paso por la puerta, mira que llevaba tiempo sin parar por el taller a echar un rato con los Dalton. De ida, por lo justo que va uno siempre de hora, que lo hace desistir en desviarse y parar en su nave. A la vuelta, por la maniobra para acceder, que hay que admitir que quita las ganas, la contraquerencia cuesta, sobretodo a esas horas que suelo pasar, enmallado en busca del plato de comida. Ciertamente son excusas, a los amigos hay que hacer por verlos. Y lo es Rafalín "El Largo", su hermano, y lo ha sido, y mucho, el bueno de Antoñín.

Ricardo Barbero, Antoñín Roldán y El Cuca en una concentración de rehalas.

Con lo chicuelo que eras, pero que cabroncete fuiste siempre, adjetivo, con cariño, que te iba como anillo al dedo. Quizás ese aspecto fue el que hizo que nos lleváramos tan bien. Nos reímos mucho juntos y disfrutamos de momentos inolvidables, ratos que siempre recordaré. Así, a bote pronto, me acuerdo de las veces y veces que fuimos a tu perrera, a las espaldas de Villarrubia, donde tuviste aquella rehala de coloraos. Después ya se metió la Seguridad Social y Hacienda en esto de los perros, y consiguió aburrirte hasta conseguir que acabaras quitándolos. Una pepsi, una bolsa de patatas, una tripa de embutido, y allí que pasábamos las tardes de verano refrescándonos en la alberca y charlando de perros. La de marranos que hemos "matado" mientras nos dábamos un chapuzón.

Coloraos de la que fuera rehala de Antoñín Roldán.

Cazamos juntos varios días, pero recuerdo con cariño el día que monteamos El Cerrejón, o el infernal día de agua y aire que nos hizo en Suerte Alta, entre otros muchos que coincidimos en el monte. Nunca dejabas de pinchar y buscarnos las cosquillas a quien se acercaba por donde estabas, te hacías querer Antoñín. Cuesta mucho pensar en que no volveré a echar un rato contigo, en que no volveré a pedirte ningún favor, y lo que más me duele, que no fuimos juntos a ver jugar al fútbol a tu hijo Kevin con el C.D. El Higuerón, como tantas veces te prometí que haríamos cuando la temporada se hubiese acabado.

De concentración de rehalas en Almodóvar del Río.

No quiero dejar atrás aquel fin de semana que pasamos en la Venta del Charco, nos juntamos una buena cuadrilla y pasamos muy buenos ratos, ninguno de los que allí estuvimos, estoy seguro que siempre recordaremos esos días. Ni por supuesto olvidaré aquel susto en Intercaza 2012, cuando tuvimos que salir corriendo para el hospital por el percance que tuvo Kevin, tu hijo.

En la Venta del Charco, donde pasamos un fin de semana memorable

Sin más, desearte lo mejor allá arriba, que sigas haciendo trastadas con tus pirañas y mantengas a raya los marranos de esas otras manchas, como siempre presumías que hacías aquí, en tu jurisdicción, en las faldas de Córdoba. Dejas aquí muchos amigos, y muchos que te queríamos y que nunca te olvidaremos.

Descansa en paz Antoñín, descansa en paz Matacochinos.

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