REHALA

REHALA

Por medio de este blog se pretende dar a conocer a todo aficionado al mundo de la caza y los perros,las rehalas que montería tras montería realizan esa labor tan poco valorada pero tan imprescindible en nuestras agrestes sierras.

UNA REHALA

UNA REHALA

No hay verdadera montería sin perros. Cuando se montea de verdad, es decir, con todos los elementos que el caso requiere, y entre ellos, y en lugar preeminente, varias rehalas punteras, éstas lo van diciendo todo. Lo van diciendo todo al que sabe escuchar, que no es fácil. Si sabe escuchar, aunque le haya tocado un puesto en que, por mala suerte, no haya tenido vista sobre el terreno, se habrá podido dar perfecta cuenta -siempre y cuando los perros sean de calidad- de todo cuanto ha sucedido en el día. Desde la hora en que se soltó hasta en la que se terminó la batida: de si ha habido interés o no, de si se ha tirado bien o mal, de si la caza ha corrido en dirección que convenía, de si se ha vuelto o de si no ha salido. En fin, de todo se habrá enterado y bien poco será lo que le puedan contar los que han tenido la suerte de presenciar el conjunto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

EL PERRO DE REHALA

EL PERRO DE REHALA

El buen perro de rehala, sea cualquiera su clase, desde el puro podenco envelado y peliduro al de padres desconocidos y tipo inverosímil -que los dos pueden ser de punta-, requiere, entre otras, las siguientes características principales: fuerza, coraje, perseverancia, vientos y dicha. A cuál de ellas mas importantes, y si no las reúne es un perro incompleto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

jueves, 28 de abril de 2011

Madroñiz (El Viso, Córdoba)


¿A quién no le suena Castillo de Madroñiz o sencillamente Madroñiz? Finca protagonista de mil y una historietas de las relatadas por Aguayo en muchos de sus libros. Es complicado que a los que somos aficionados a la lectura venatoria, el escuchar Madroñiz no nos traiga a la cabeza algún lance o anécdota de las narradas magistralmente por el bueno de Mariano en lugares como el Arroyo del Romano o el cerro El Mimbre. Ha llovido algo desde entonces pero estoy seguro que los miembros de aquella sociedad cordobesa que disfruto esta finca situada entre la margen izquierda del río Zújar y la margen derecha del Arroyo del Buey, siempre recordará esos divertidos ganchitos tras los marranos.

Siempre imponente el castillo de Madroñiz.

Sabiendo lo ajetreado de mis fines de semana de campaña montera, D. Santiago me avisó con tiempo para que apuntara la fecha de la montería, y así pudiera aceptar la invitación a pasar el día allí por donde se termina la provincia de Córdoba y comienza la vecina Badajoz. Muchos son los atractivos de estas monterías, personalmente destacaría su autenticidad. No es fácil dar con monterías tan autenticas, y el grupo que encabeza Ignacio Pinilla guarda por defender estos valores, cosa que se agradece.

Vista de la junta en Madroñiz.

Temprano partimos de Córdoba mi padre y yo, y es que para llegar puntuales a la junta debíamos salir de casa casi dos horas antes. El sorteo se celebró la noche anterior, entregándonos el puesto D. Santiago después de entonar el cuerpo con unas migas con huevos fritos. Iríamos al número 2 de la armada del Granao, a priori no eran malas las referencias que nos dieron sobre el puesto en cuestión, según nos comentaron siempre tiraba.

Nuestro puesto en Madroñiz, el número 2 de la armada del Granao.

Después del rezo y unas breves explicaciones de los manchones a batir por parte de Ignacio Pinilla, capitán de montería y alma máter de este grupo mayoritariamente pacense, se dio paso a la salida de las armadas. Un pequeño plano nos ayudó a hacernos una idea de nuestra localización en la mancha, así como el recorrido de los perros en su trasteo.

Ignacio Pinilla dando las instrucciones pertinentes antes de la salida de la armadas.

Al partir hacia los puestos, únicamente había llegado una de las rehalas convocadas para la ocasión, se trataba de la rehala El Palomar (divisa collar verde) con el gran Kiko a la cabeza. Buen tío y magnífico perrero el de Navalvillar de Pela (Badajoz), y verdaderamente espléndidos sus palomos. Cargados de ilusión y con tremendas ganas partimos hacia el Arroyo Granao por el carril que va dirección hacia El Mimbre.

Detalle de la furgoneta de la rehala El Palomar.

Fue en la casilla del Mimbre donde dejamos aparcados los coches. Un pequeño instante para apretarse zahones, echarse trastos a la espalda y acto seguido, y a buen ritmo, tomar el camino por el que se va montando la armada. El silencio que acompañaba a la comitiva montera recordaba esos valores de lo auténtico, y es que algún día llegué a pensar que era el único loco que no compartía los dichosos cuchicheos entre amigotes cuando se va camino de los puestos.

La armada camino de los puestos en Madroñiz.

La zona era una maravilla, el paisaje precioso y la orografía bastante quebrada. Los puestos, en su mayoría de cortadero. Ciertamente este tipo de puestos no es que sean santo de mi devoción pero en un terreno como aquel era la única forma de poder montar las posturas. Las márgenes del Arroyo Granao se presentaban apretadas de monte y dispuestas a poner a prueba a los valientes perreros y perros que tuvieran la difícil labor de trastear la zona. ¡Qué gran reto para las rehalas!

Vista de la zona de solana a montear, margen derecha del Arroyo Granao.

En este tipo de puestos, que insisto, entiendo necesarios pero no cautivan mis gustos en lo que a posturas monteras se refiere, es tremendamente importante aclarar la situación de tus vecinos. Así, sin perder tiempo y antes de sacar el rifle, mostramos nuestra situación a los compañeros de armada, evitando así ningún tipo de accidente por desconocimiento de la localización del vecino. Tras ello, y después de cargar, siempre llega el instante de cruzarse miradas entre mi padre y yo, un par de gestos con la boca nos son suficientes para conocer nuestras opiniones acerca del lugar donde nos había tocado.

Nuestro puesto de cortadero, el número 2 del Granao.

El movimiento cerrando la mancha provocó que el cervuno más desconfiado se saliera de sus encames, hecho este que nos permitió ver como un par de pepas primero y un ágil corzo después tomaran huida hacia el Arroyo del Buey, es decir buscando salirse de la finca, que aunque no lo he comentado, es completamente abierta. Grande fue la emoción de los citados lances, y es que los manchones de monte que dominábamos estaban realmente cerrados. Además, en los puestos altos y perpendiculares al Granao ya sentimos los primeros disparos.

Muy apretado el monte en lo poco que dominábamos fuera del cortadero.

Deseoso estaba de se produjera la suelta de los perros, que ganas de ver menearse el monte con el trabajo de las rehalas. Una piarilla de lechonatos saltaron al cortadero, yo ni me di cuenta pero mi padre atento, me alertó. La algarabía de las lejanas sueltas rompieron el silencio reinante en la mancha: daba comienzo el meneo. Los primeros perros en saltar al cortadero fueron una collera de palomos de la rehala El Palomar, largos y con afición tronchaban monte a su paso como una locomotora a todo trapo.

Uno de los palomos de la rehala El Palomar de Navalvillar de Pela.

Pronto las primeras ladras retumbaron en la umbría, mucho tenían que apretar los perros para sacar a los marranos de tan frondoso monte. Los tiros de puestos próximos delataban que el trabajo de los perros estaba surgiendo el efecto deseado, los cochinos se movían. Los ánimos de los perreros alentaban el esfuerzo de sus valientes, mientras en nuestra postura sacábamos lo más fino de nuestros sentidos para intentar adivinar la carrera de las reses. Que bellos momentos con la montería en su máximo esplendor.

Mi padre pendiente del trabajo de los perros por el flanco izquierdo.

De repente, por medio del cortadero da cara un imponente perrazo. Es un atravesao blanco como una patena que a medida que se acerca consigue poner mi bello de punta, concretamente se trata de un valiente cuya divisa es un collar a franjas azules y plata, en el costillar luce una MV. Emocionado susurro a mi padre: "Papa, son los valdueza". Efectivamente, poco a poco van dando cara al cortedero sus hermanos y el puesto se llena con los maquinas propiedad de D. Alonso Álvarez de Toledo, marqués de Villanueva de Valdueza.

Serio y bien hecho el perrazo del marqués de Valdueza.

Es la primera ocasión en mi vida que los veo trabajar en el campo, la primera montería que coincido con tan prestigiosa rehala y desde luego no me decepciono en absoluto, más bien todo lo contrario. Al instante, y después de un intencionado trabajo, consiguen dar con una marrana cerca de nuestra postura, la levantan y la aprietan a salir al cortadero, valiente, la cochina hace frente a los valdueza finalizando el lance Santiago, perrero de Valdueza, entrando a cuchillo. Aquello, a pesar de no poder ni siquiera ver la marrana por lo espeso del monte, fue emocionantísimo y poco me faltó para acudir al remate.

Magnífico el trabajo de los valduezas.

No me cansaba de mirar las hechuras de esos perros, sus movimientos, sus gestos, su mirada,...en fin, su todo. Ahora y después de ver los valdueza en vivo y en directo, conseguí comprender las palabras que un día me comentó un gran veterinario cordobés y extraordinario conocedor del perro de rehala. Pepe Millán, me describió como después de mucho observarlos en el monte llego a la conclusión de que no era un tipo de perro lo que había conseguido Álvarez de Toledo, sino una raza.

Parejos y con hechuras muy monteras los perros de D. Alonso Álvarez de Toledo.

Situados, como estábamos, en el choque de las rehalas, poco a poco fueron volviendo sobre sus pasos sin mucho más que destacar. Yo, aun entusiasmado seguía atento el trabajo, ya en la lejanía, de Santiago y los valduezas. Nada más que merezca la pena relatar, únicamente que nuestro cortadero no tuvo mucha fortuna pues las reses no cumplieron por él, en cambio, otro cortadero perpendicular al nuestro si tuvo más suerte, tirando varios marranos entre los cuatro o cinco puestos que lo cubrían.

Valdueza escuchando desde nuestro cortadero en el número 2 del Granao.

Sin prisa, fuimos recogiendo despacito para tomar el carril en compañía del resto de la armada e ir en busca de los coches. Allí, en la casilla del Mimbre, los perros con divisa de collar bandera nacional de Baños de Montemayor (Cáceres) propiedad de D. Emilio Moreno iban recogiendo camino de su suelta. Un cambio de impresiones rápido y pronto salimos en busca del potaje a la casa del Castillo.

Rehala de D. Emilio Moreno recogiendo junto a la casilla del Mimbre.

En la misma mesa en la que por temas de trabajo he estado varias veces sentado con D. Santiago, estuvimos charlando de otros temas mientras dimos buena cuenta del condumio allí servido. Las reses fueron llegando y como de costumbre Madroñiz cumplió, cobrándose una veintena de ellas. Aun atardeciendo nos despedimos del personal y cogimos carretera, aun nos restaban dos horas de camino hasta llegar a la capital cordobesa.

Junta de carnes en Madroñiz.

Magnífico día el que echamos en Madroñiz, en mis recuerdos perdurará siempre pues fue una grandísima satisfacción poder ver trabajar una rehala de la que tanto he escuchado y leído como lo es la del marqués de Valdueza. El porte y la pinta de esos atravesaos es digna de presenciar por el monte, por mucho que intente explicároslo no sería capaz de trasmitiros lo que impone un perrazo de esos cazando por el monte, porque además de ser bonitos, cazan.

En Madroñiz tuve la suerte de disfrutar con los valduezas.

3 comentarios:

  1. ¿Que hacen los rifles fuera de sus fundas hacia los puestos? Despues nos quejamos de que si la abuela fuma.

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  2. yo e tenido la gran suerte de cazar con mi recovas junto a los valduezas y son wenos de cojones pero para mi una pega son flojos a la ora de agarrar yo caze con eyos este año em el moracho seguro que te suena saludos y me encanta tu blog pero me gustaria que ablaras algo de las recovas extremeñas y de nuestro naveño saludos

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  3. Tuve el honor de cazar en este Coto en dos ocasiones invitado por Don Francisco Fraga y su hijo. La primera vez, mediados de los años noventa el sorteo se celebraba la fortaleza.

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