REHALA

REHALA

Por medio de este blog se pretende dar a conocer a todo aficionado al mundo de la caza y los perros,las rehalas que montería tras montería realizan esa labor tan poco valorada pero tan imprescindible en nuestras agrestes sierras.

UNA REHALA

UNA REHALA

No hay verdadera montería sin perros. Cuando se montea de verdad, es decir, con todos los elementos que el caso requiere, y entre ellos, y en lugar preeminente, varias rehalas punteras, éstas lo van diciendo todo. Lo van diciendo todo al que sabe escuchar, que no es fácil. Si sabe escuchar, aunque le haya tocado un puesto en que, por mala suerte, no haya tenido vista sobre el terreno, se habrá podido dar perfecta cuenta -siempre y cuando los perros sean de calidad- de todo cuanto ha sucedido en el día. Desde la hora en que se soltó hasta en la que se terminó la batida: de si ha habido interés o no, de si se ha tirado bien o mal, de si la caza ha corrido en dirección que convenía, de si se ha vuelto o de si no ha salido. En fin, de todo se habrá enterado y bien poco será lo que le puedan contar los que han tenido la suerte de presenciar el conjunto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

EL PERRO DE REHALA

EL PERRO DE REHALA

El buen perro de rehala, sea cualquiera su clase, desde el puro podenco envelado y peliduro al de padres desconocidos y tipo inverosímil -que los dos pueden ser de punta-, requiere, entre otras, las siguientes características principales: fuerza, coraje, perseverancia, vientos y dicha. A cuál de ellas mas importantes, y si no las reúne es un perro incompleto.

Veinte Años de Caza Mayor. Conde de Yebes.

jueves, 12 de mayo de 2011

La Alcaidía (Córdoba, Córdoba)


Buenas monterías se han dado en esta finca tan próxima a la capital cordobesa. Algún que otro pelotazo de marranos reza en su currículum, pero sobretodo La Alcaidía se distingue por los tremendos cochinos que se suelen cobrar, si bien no es normal que sean muchos pero rara es la temporada en la que no se escucha comentar las defensas de algún verraco cobrado en esta finca a caballo entre Córdoba y Alcolea.

Monteros alrededor de la lumbre en La Alcaidía.

No muy temprano quede en recoger a Emilio Holgado en su casa, teníamos previsto tomar café antes de dirigirnos al lugar de la junta en el mismo cortijo de La Alcaidía. La parada, como no podía ser de otra manera cuando se montea por esa zona, en La Lancha. Allí, alguna que otra cara conocida, entre ellos José María Gascón, un buen aficionado con el que me hizo gran ilusión coincidir, y es que hacía tiempo que no nos veíamos y menos en un enreo montero. Tras la tostadita y el café partimos dirección Alcolea para una vez allí dirigirnos hacia el carril que lleva al cortijo de La Alcaidía pasando por Román Pérez.

Mesa del sorteo en La Alcaidía.

Lejos de las multitudinarias monterías de antaño, la sociedad que está a cargo de La Alcaidía, ha decidido montearla en varios días repartidos en toda la temporada echando así varios pegotes y aprovechándose así de estar incluida dentro de la zona del Auyeski. Los socios, algún invitado, las rehalas y paren de contar, suficiente para disfrutar en varios golpes del coto y una excusa perfecta para poder reunirse y tomarse juntos un buen potaje. Otro de los socios, mi pariente Lalo Rodríguez, voz en las ondas de los partidos del Córdoba C. F., que siempre que el horario del equipo cordobesista se lo permite, aprovecha para quitarse su gusanillo cinegético.

En La Alcaidía organizando la salida de las armadas.

Para trastear el manchón se contó con rehalas de la zona, concretamente propiedad de D. Antonio Peña (collar y collarín de la cencerra morados), D. Pedro Mohedano (collar de cuero), D. Antonio Salinas (divisa azul sobre fondo rojo y goma amarilla), D. Ramón Mohedano (collar verde y goma amarilla) y alguna otra más que no llego a recordar. Suficiente para poner patas arriba aquello y sacar los marranos de la mancha.

Expectante en el camión el berrendo de la rehala de D. Antonio Peña.

El día se presentaba peliagudo. El cielo, encapotado y negro, anunciaba la que estaba por caer. Y no tardó mucho en empezar a diluviar, estaba claro que era lo que nos esperaba: agua y más agua. El aguacero fue tal que no hubo más remedio que aguantar el sorteo y alargar el desayuno con la esperanza de que amainara el chaparrón. Vaya temporadita de agua llevábamos y es que esta campaña parecía que estaba diseñada para poner a prueba nuestra afición. De lunes a viernes buen tiempo, pero el fin de semana pasado por agua.

Preciosa la imagen del podenco fino de D. Ramón Mohedano.

Finalmente, y tras finiquitar las reservas de machaco de la sociedad, se procedió a sortear. La suerte nos mandó al número cuatro de armada La Niña. Pocas referencias entre los socios cuestionados por Emilio y por mí, se trataba de un vereón de reciente diseño. Las escasez de reseñas ponía de manifiesto que sino íbamos a estrenar nosotros la citada armada poco iba a faltar. En fin, en esto de la caza, y más con los marranos por medio, nunca se sabe.

Número 4 de la armada de La Niña.

Protegidos y bien ataviados para lidiar el chaparrón, fuimos saliendo las distintas armadas hacia la mancha localizada a las espaldas del cortijo. Desgraciadamente el cerro con más nombre de la finca, el Cerro de los Adoquines, quedaría pendiente de montear para jornadas venideras, por la situación y el camino que llevamos hacia los puestos pienso que lo que monteamos fue el Cerro del Pastor. Uno a uno se fueron quedando los puestos, no había duda a lo que íbamos: a marranos. Cerrados a más no poder, con poco más que el salto de un vereón nuevo como tiradero y con poca opción de ver el trabajo de perros y perreros.

Emilio en el vereón atento al trabajo de las rehalas.

Los podencos finos con collar de material de D. Pedro Mohedano fueron los encargados de poner patas arriba el cerrete que intuíamos frente a nuestro puesto. El monte, cerrado de lentisco y chaparreras, tenía una pinta sensacional para el encame de los cochinos, pero cierto es que el terreno se advertía poco tocado de los marranos. Alguna que otra ladra, un tropel por el cogollote del cerrete y algún disparo de los primeros pasos de nuestra armada fue lo único a destacar de la mañana.

El número 4 de La Niña, cerrado y con poco tiradero.

Afortunadamente el temporal fue amainando y al menos los últimos momentos del puesto los pudimos disfrutar fuera del paraguas. Al ser un pequeño manchón, la cosa termino pronto, antes de las tres estábamos en el cortijo de La Alcaidía recuperando el cuerpo junto a la candela. No hubo suerte y no pillamos los marranos en la manchita: todos los días no triunfan los mismos y en esta ocasión los cochinos nos ganaron la partida.

Los de D. Antonio Salinas, al igual que el resto de perros, se quedaron con ganas de más jaleo.

Un buen potaje aliñado con una rica pringá fue mano de santo para los allí presentes, y tanto lo fue que algún valiente hasta se animó a tirar zorzales después del pastelón cordobés y el café. Ciertamente el cielo fue abriendo, pero ya hay que tener ganas después de la mañanita de agua que pasamos. El resultado escaso, a lo sumo dos o tres marranos y una buena manta de agua. Lo dicho en el Cerro del Pastor de La Alcaidía, los cochinos nos mojaron la oreja.

Con dos buenos elementos topé en La Alcaidía: Kiko y Gascón, casi ná.

2 comentarios:

  1. Juanjo Mateo (Rehala Doña Berta)
    Muchas gracias por deleitarnos con tu blog y con las fotos de los espectaculares perros que fotografías de todas las rehalas que te tropiezas. Estaría bien que apareciera la fecha en la que se produce cada montería o cada entrada que haces en el blog, ya que me imagino que la que aparece es la fecha en la cual la introduces el archivo. Un saludo y ..... a seguir así.

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  2. Hombre Juanjo, que alegría verte por aquí, me hace mucha ilusión ver tu comentario. Muchas gracias por esas cariñosas palabras que me dedicas.

    Ciertamente la fecha que aparece es la del día en que comienzo a escribir la entrada, siendo esta distinta de la fecha en la que finalmente la publico (cada entradita se lleva bastante tiempo, creedme).

    Respecto a poner las fechas, bueno es una opción, pero he preferido no poner la fecha para que no me tachéis de vago, pues como podéis imaginar han pasado ya unos meses desde los hechos que relato en cada entrada hasta que han sido publicadas, lo que si os aseguro es que van en orden cronológico. Si alguien tuviera especial interés en conocer la fecha de alguna de las monterías con consultármelo por medio de un comentario es suficiente.

    En fin Juanjo, aquí estamos para lo que haga falta. Fue un placer conocerte en Robledo de Chavela, a ver si volvemos a coincidir pronto

    Un abrazo,

    Rorry Barbudo

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